Hay algo que ya no puede seguir igual

Hay algo que ya no puede seguir igual

Carta del Bosque · Capítulo 1

Hay algo que ya no puede seguir igual

Quiero conservar el corazón del capítulo, pero no copiar el Reel ni el carrusel. La Carta tiene que ser el lugar donde Romi se sienta a escribir después de haber atravesado todo lo que el capítulo abrió.

Yo la llevaría hacia acá:


Querida lectora:

Hay momentos en los que la vida no cambia de golpe.

No ocurre nada extraordinario.

Nadie toca nuestra puerta para anunciarnos que una etapa terminó.

Simplemente empezamos a sentir que algo ya no encaja.

La vida continúa.

Nos levantamos.

Respondemos mensajes.

Preparamos la comida.

Cumplimos con aquello que espera de nosotras.

Cuidamos.

Resolvemos.

Seguimos.

Y, sin embargo, en algún lugar muy profundo comienza a aparecer una pequeña incomodidad.

Una sensación difícil de explicar.

Como cuando una prenda que usamos durante años sigue siendo nuestra talla y, aun así, ya no podemos habitarla de la misma manera.

Durante mucho tiempo podemos ignorarla.

Decirnos que estamos cansadas.

Que ya se nos va a pasar.

Que deberíamos agradecer lo que tenemos.

Que no es momento de cuestionar nada.

Entonces seguimos.

Hasta que aquello que comenzó como un susurro empieza a pedirnos un poco más de atención.

No necesariamente porque nuestra vida esté mal.

Quizás simplemente porque nosotras ya no somos exactamente la mujer que construyó esa vida.

Y creo que algunas de las transformaciones más profundas comienzan justamente ahí.

No cuando sabemos qué queremos.

Sino cuando finalmente podemos reconocer:

esto ya no.

Durante mucho tiempo pensé que para cambiar necesitaba primero encontrar respuestas.

Saber hacia dónde ir.

Tener un plan.

Comprender perfectamente qué estaba sucediendo dentro de mí.

Hoy creo algo diferente.

Hay momentos en los que no necesitamos saber cuál será el próximo destino.

Necesitamos dejar de obligarnos a permanecer donde nuestro corazón ya no puede descansar.

Y eso puede dar miedo.

Porque lo conocido tiene una extraña capacidad para hacernos sentir seguras incluso cuando ya no nos hace bien.

Conocemos sus reglas.

Sabemos cómo movernos allí.

Aprendimos quiénes tenemos que ser para permanecer.

Lo nuevo, en cambio, todavía no tiene forma.

Y quizás por eso existe ese tiempo extraño entre una vida y otra.

Un tiempo en el que todavía no llegamos a ningún lugar...

pero tampoco podemos volver completamente atrás.

Antes me desesperaba habitar esos espacios.

Ahora comienzo a comprenderlos de otra manera.

Tal vez no sean vacíos.

Tal vez sean umbrales.

Lugares donde algo termina de desprenderse mientras otra parte de nosotras empieza, muy lentamente, a recordar.

Por eso, si hoy sentís que algo dentro tuyo está inquieto, no quiero apresurarme a decirte qué significa.

Quizás ni siquiera necesites comprenderlo todavía.

Solo quisiera invitarte a hacer algo mucho más pequeño:

escucharlo.

Sin corregirlo.

Sin juzgarlo.

Sin convertirlo inmediatamente en una decisión.

Sentarte un instante junto a esa parte de vos que hace tiempo intenta hablarte y preguntarle:

¿Qué es aquello que ya no puedo seguir sosteniendo de la misma manera?

Y después...

guardar silencio.

Quizás la respuesta llegue.

Quizás no.

No importa.

Porque algunas preguntas no vienen a ser respondidas enseguida.

Vienen a abrir una puerta.

Y tal vez eso sea todo lo que necesitamos al comienzo de un camino:

no saber exactamente hacia dónde vamos...

sino tener el coraje suficiente para reconocer cuando algo dentro nuestro ya comenzó a caminar.

Con amor,

Romi 🌹

Desde algún rincón del Bosque.

¿Qué parte de tu vida seguís sosteniendo simplemente porque todavía no sabés qué podría existir después?

 

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