El inicio...

Durante mucho tiempo busqué respuestas afuera.

Como muchas personas, aprendí a adaptarme.

A sostener.

A cumplir expectativas.

A sobrevivir.

Hasta que la vida comenzó, una y otra vez, a invitarme a regresar.

No fue un camino lineal.

Fue un camino lleno de preguntas.

De pérdidas.

De aprendizajes.

De silencios.

Y también de una belleza que seguía apareciendo incluso cuando todo parecía romperse.

Un árbol.

Una canción.

La luna reflejada sobre el agua.

La risa de mis hijos.

Una conversación sincera.

Un instante de verdad.

Con el tiempo comprendí que no estaba intentando convertirme en otra mujer.

Estaba recordando quién había sido siempre.

Y ese recuerdo dio origen a La Madre Rosa.

No como un proyecto.

No como una marca.

No como un trabajo.

Sino como una manera de caminar por la vida.

Hoy escribo.

Escucho.

Acompaño.

Creo espacios donde otras mujeres puedan volver a encontrarse consigo mismas.

No porque tenga todas las respuestas.

Sino porque aprendí el inmenso valor de hacer buenas preguntas.

No creo que las personas estén rotas.

Nunca lo creí.

Creo que, muchas veces, solo necesitan un lugar donde dejar de defenderse.

Un lugar donde el alma pueda descansar.

Un sendero donde recordar quiénes son.

Ese sendero es La Madre Rosa.

Y yo tengo el honor de cuidar este bosque mientras otras mujeres encuentran el camino de regreso hacia ellas mismas.

Bienvenida.

Me alegra profundamente que estés aquí.