Ir hacia adentro
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CARTAS DE LAS TRANSFORMACIONES
Ir hacia adentro
29 de abril de 2026
Querida lectora:
Hay momentos en la vida en los que todo sigue…
pero vos ya no estás ahí.
Cumplís.
Respondés.
Sostenés.
Y, sin embargo, algo adentro se siente vacío.
No es tristeza exactamente.
Tampoco es enojo constante.
Es una incomodidad silenciosa que no sabés muy bien cómo explicar.
Y aunque desde afuera todo parezca estar bien, adentro algo ya no termina de encajar.
Durante mucho tiempo pensé que eso era normal.
Que así era la vida.
Que había que adaptarse.
Sostener.
Cumplir.
Sostener el trabajo, los vínculos, la imagen…
incluso cuando hacerlo dolía.
Hasta que un día algo en mí se cansó.
No fue un momento épico.
Ni una decisión clara.
Fue una sensación mucho más sencilla y, al mismo tiempo, profundamente verdadera:
no puedo seguir así.
Mirando hacia atrás, hoy puedo ver algo que en ese momento todavía no entendía:
me había desconectado de mí.
Ya no sabía muy bien qué quería.
Qué sentía.
Qué decisiones eran realmente mías.
Había aprendido a adaptarme.
A complacer.
A sostener.
A callar.
Y aunque muchas cosas en mi vida funcionaban…
yo no me sentía viva.
Volver a mí no fue inmediato.
Tampoco fue particularmente cómodo.
Empecé a hacerme preguntas.
A mirar mi historia.
A sentir cosas que durante años había evitado.
Empecé a reconocer patrones, vínculos y decisiones que necesitaba volver a mirar.
Y eso empezó a mover muchas cosas.
Porque cuando algo dentro nuestro comienza a hacerse visible, seguir viviendo exactamente de la misma manera puede volverse cada vez más difícil.
También descubrí que volver a mí podía incomodar.
Algunas relaciones comenzaron a moverse.
Aparecieron distancias.
Conversaciones difíciles.
Miedos.
Porque cuando dejé de adaptarme de la misma manera, también empezaron a cambiar algunas dinámicas que se habían construido alrededor de aquella versión mía.
Y aunque hubo momentos en los que sentí muchísimo miedo…
también apareció algo que hacía tiempo no sentía:
espacio.
Espacio para preguntarme qué quería.
Espacio para escucharme.
Espacio para volver a elegir.
Ese proceso comenzó a aparecer en distintos lugares de mi vida.
En el trabajo.
En mis vínculos.
En la maternidad.
En mi manera de relacionarme conmigo misma.
Y entonces comprendí que volver a mí no significaba cambiar solamente una parte de mi vida.
Significaba empezar a cambiar la manera en que la habitaba.
Con el tiempo entendí algo que transformó profundamente mi mirada:
no tenía que convertirme en alguien distinta.
Tenía que empezar a dejar de sostener aquello que ya no sentía verdadero.
Dejar de callarme.
De ceder automáticamente.
De vivir algunas partes de mi vida sin siquiera preguntarme si todavía quería estar ahí.
Y empezar, de a poco, a elegirme.
No perfectamente.
No siempre.
Pero de verdad.
Hoy sigo caminando.
Sigo descubriendo cosas.
Sigo haciéndome preguntas.
Sigo encontrando partes de mí que necesitan ser escuchadas.
No porque haya llegado a algún lugar definitivo.
Sino porque aprendí algo que hoy intento recordar cada vez que vuelvo a perderme entre el ruido:
puedo regresar.
Una y otra vez.
Y quizás ir hacia adentro nunca haya significado alejarnos de la vida.
Quizás sea justamente lo contrario.
Volver a nosotras para poder estar verdaderamente presentes en ella.
Con amor,
Romi 🌹
Desde algún rincón del Bosque.
¿Qué parte de vos quedó en silencio mientras aprendías a sostener la vida que tenías?